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18 septiembre 2012

¿Hay esperanza después de Aguirre?

"Cuando ciertos acontecimientos tocan fibras sensibles a lo que uno ama o detesta, el ser emocional prevalece sobre el ser racional."

Pude constatar este hecho cuando en la tarde de ayer leí la noticia de la dimisión de Esperanza Aguirre: Un sentimiento agridulce agitó mi mente. La euforia inicial por "la marcha" de una enemiga ideológica fundida con la tristeza por el desolador panorama social y económico de su legado político.

Felicidad porque, sin entrar a valorar las causas últimas de su decisión (que ni siquiera ella a querido desvelar con claridad), uno no puede más que alegrarse de la caída estratégica de un rival en el tablero de la política. "La hipocresía es el colmo de todas las maldades", decía Molière.

Tristeza pensando que se va, obligada por la salud, aquella llegada con un pucherazo político,  la responsable de que la sanidad y la educación públicas en Madrid se encuentren en los huesos, la que aspiraba a ser la Margaret Thatcher de España, la "lideresa" del sector más neoliberal de su partido, la culpable del expolio de lo público en CM para ponerlo en manos privadas, la suma sacerdotisa del ideario más rancio de la derecha española, la gran demagoga y manipuladora de la historia y la memoria colectiva.

Así, con esta manifestación emocional, transcurrieron los primeros minutos desde que conocí la noticia, hasta que la parte racional afloró sobre la pasión para terminar de diluir cualquier atisbo de alegría. ¿Podemos tener esperanza después de Aguirre?
¿Puede la caída de Aguirre mitigar todo el daño
causado por sus acciones a miles de personas? ¿Se debilitará o fortalecerá la ultraderecha?

La realidad hoy nos dice que, aún habiendo reducido el número de votos obtenidos en el último plebiscito, el PP mantiene la mayoría absoluta en la Cámara madrileña, gracias en gran parte al juego bipartidista del PSOE. Aún hoy constatamos tristemente que todavía perdura en gran parte de la población la tergiversación histórica e ideológica inducida hábilmente durante años por el gobierno de Aguirre, y especialmente, por los medios de comunicación afines y el canal autonómico que controla. Esa manipulación semántica de conceptos tan elementales como "libertad"o "democracia", con la que consiguió que invertir en las mentes de algunos ciudadanos los roles tradicionales que han desempeñado la izquierda y la derecha, llegándose a identificar a "la izquierda" con el totalitarismo, la corrupción, la pobreza y el desempleo, e identificándose por contra a "la derecha" con la libertad, el europeísmo, el crecimiento económico y la prosperidad.

¿Qué ganamos nosotros, la mayoría trabajadora, con la marcha de Esperanza Aguirre? - Un alumno aventajado, con ansias de demostrar al mundo que puede ser incluso "más duro" de lo que fue su maestra.

En política, nada cae en saco roto. En las próximas fechas, la totalidad de los mass media (en poder de la derecha) nos bombardearán a diario con emotivos y estériles artículos de opinión, debates y exclusivas sobre las razones que han llevado a dimitir a Esperanza Aguirre. Con hipocresía propagandista propia de la prensa rosa, se pretenderá ensalzar la figura personal y política "la lideresa", encumbrándola por su supuesto "amor a la patria", enalteciendo su nefasto legado social y económico como "la modernización del país, lo que España necesita". y se hará coincidiendo con las elecciones vascas y gallegas.

No tardaron ni horas en imponer a Ignacio González, descartando inmediatamente la posibilidad de celebrar elecciones en la Comunidad de Madrid, como obligaría una auténtica democracia, la lógica, o simplemente como estipula el Estatuto de Autonomía.

Comenzará una infructuosa lucha de vanidades personales para hacerse con el ansiado sillón de Presidente, pero la clase trabajadora seguirá perdiendo dignidad y derechos mientras siga aceptando con los ojos vendados el jarabe neoliberal del Partido Popular  que está llevando al abismo a la sociedad española, con la connivencia del corrupto y desleal socialoportunismo del PSOE, el otro engranaje necesario en el sistema capitalista, para que todo siga igual, la dominación de muchos por unos pocos.




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