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22 noviembre 2011

Democracia, ataque y defensa, sumisión y movilización

Es evidente el déficit en cultura democrática del que adolece este país. Escribo estas palabras y me viene a la memoria cómo hace escasas fechas se le echaban encima como fieras un par de conciudadanos a la periodista y escritora Rosa María Artal, vía twitter, por insinuar que en ocasiones los pueblos no saben a quien votan, en relación a los años que Italia mantuvo en el poder a Berlusconi. Puede ser una afirmación incómoda, incorrecta políticamente, pero tiene su dolorosa parte de realidad. Parafraseaba Rosa a D. Jose Luis Sampedro:

 ”¿Democracia? Es verdad que el pueblo vota y eso sirve para etiquetar el sistema, falsamente, como democrático, pero la mayoría acude a las urnas o se abstiene sin la previa información objetiva y la consiguiente reflexión crítica, propia de todo verdadero ciudadano movido por el interés común."

Compartir estas reflexiones le valieron numerosos insultos, descalificándola curiosamente como antidemócrata.

De acuerdo, pensaréis que tan sólo dos personas no suponen ninguna representatividad. Pero en la vida cotidiana todos nos encontramos con ejemplos significativos. Mientras esperas tu turno en la charcutería escuchas dos señoras atribuyéndole "poderes mágicos" a la derecha: "Son los que tienen el dinero", "Son los que crean trabajo", "¿De qué sirve la sanidad si no hay empleo?". Todos los días oímos esto. Y es déficit democrático. Es poca cultura democrática.


Llevamos 34 años escuchando lo modélica que fue nuestra transición, el ejemplo que es nuestra carta magna para
las nuevas democracias. Hoy ya empiezan a ser bastantes los que se dan cuenta de que esto no es así. 

La historia nos enseña que el pueblo español no fue muy dado a los avances socioculturales y económicos que supusieran grandes cambios repentinos. Ocurrió en España que un pueblo andrajoso y hambriento rechazó las bondades de la Revolución Francesa en favor de Fernando VII, que a la postre barrió Europa entera de liberales para reinstaurar el absolutismo, a través de los Cien Mil Hijos de San Luis. 

Este es un pueblo pacífico, honrado y trabajador, pero en demasiadas ocasiones, tendente a la sumisa abnegación a las circunstancias que lo determinan y lo condicionan. Es este un país donde todavía funciona el caciquismo, y la sumisión a él. Es hoy todavía muy útil la herramienta del miedo, así como el inmovilismo. Es España hoy un país donde en gran medida triunfa el culto a la corrupción. "Que venga quien tenga que venir y arregle todo esto". Y para un país, en las circunstancias actuales en que nos encontramos, esto es un problema.

Los hechos están ahí, son pruebas irrefutables, escritas blanco sobre negro. Estamos viviendo los últimos actos de un plan perfectamente estudiado, pactado, consensuado y ejecutado por las élites internacionales del neoliberalismo, la implantación de un nuevo orden socioeconómico basado en la suplantación de las garantías sociales y el Estado en favor de la banca y el alto empresariado, que a la postre convertirá a los que hoy son ciudadanos en objetos de consumo y en esclavos de su fuerza de trabajo. Es un ataque frontal a la democracia que la izquierda (esa que muchos llaman marginal, trasnochada y antisistema) lleva años denunciando.

La respuesta a este ataque tiene que ser global, y ante todo ciudadana. Colectivos como el 15M, la izquierda alternativa, los sindicatos así como los pequeños empresarios y autónomos, deben converger de forma estructurada y vertebrada, para servir de dique al "feudalismo empresarial" y construir una sociedad auténticamente ciudadana, con un nuevo modelo socioeconómico, sostenible y ecológico. La ciudadanía debe participar políticamente, debe entrar en las instituciones, en los sindicatos y los partidos, y librarlos a todos ellos de todas las manzanas podridas y corruptas que los convierte en instrumentos inútiles y alejados del pueblo.

La política no es cosa de los políticos profesionales. La política es la actividad humana en favor del conjunto de la sociedad. La política nace de cada uno de nosotros hacia los demás, y es la expresión de la empatía del individuo por sus congéneres.

 Debemos movilizarnos, salir del rebaño. Lo que nos queda por andar.

2 comentarios:

Juan Carlos dijo...

Mi enhorabuena por tu escrito, es de lo bueno bueno que he leído últimamente. A seguir peleando que nos queda mucho por andar, mucho por hacer y mucho por divulgar. Voy a recomendar tu blog a "la peña"

Lobito Vermello dijo...

Muchas gracias Juan Carlos. Tienes mucha razón, debemos arrimar el hombro como buenamente podamos. Salud

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